Violencia en el fútbol

 

Manuel Ríos, Aitor Zabaleta, Emiliano López, Guillem Alfonso Lázaro, Frederic Rouquier, Luis Montero, Manuel Luque, José Gómez… Admito que unos suenan con más fuerza que otros. La verdad es que he tenido que bucear en las profundidades de las hemerotecas de principios de la Democracia para dar con algunos de ellos. Puede no parecer una lista muy larga teniendo en cuenta los años transcurridos y las veces que mientras tanto un árbitro ha marcado con su silbato el inicio del partido en el que estos pobres malhadados hallaron su cruel destino (o antes, o después), pero, con todo, sigue siendo una de las formas más estúpidas e ilógicas de hallar la muerte. Son aficionados asesinados por grupos ultras o matados por negligentes sin un ápice de cerebro ni de sentido común que manejan una bengala en un estadio con las mismas garantías de seguridad que un chimpancé haría con una pistola cargada de balas mortíferas.

 

 La justicia en España (y por lo que se ve en el resto de Europa tampoco es que vayan muy avanzados) nunca se ha decidido a actuar de manera decidida contra ellos. Para los legisladores no es una prioridad, quizá porque habitualmente nuestros políticos suelen precisar de un número mayor de cadáveres o de un rédito electoral visible para actuar, y para los dirigentes de los clubes (exceptuando alguna honrosa excepción como el presidente Laporta) menos aún. Las FSE se ven solas en su lucha titánica y desigual contra aquellos quienes conceden a la vida humana de un policía, un hombre, una mujer, un anciano, un niño, una planta o un animal el mismo valor que al vacío craneal que les caracteriza. Con todo, los casi siempre diligentes miembros de la Policía Nacional son señalados por el dedo perversamente acusador y desaforado de los gerifaltes del deporte rey a nivel europeo como instigadores y responsables del enésimo episodio de vergüenza ultra vivido en un estadio del continente.

 

Este sería el epílogo de esta bochornosa historia cuyo punto y final se colocaba

(hasta su liberación) en la condena a tres años de prisión del aficionado del Olympique de Marsella Santos Mirasierra por “atentar contra los agentes de la autoridad con uso de instrumento peligroso” atendiendo al principio de solidaridad de que todos los miembros del grupo comparten la responsabilidad de la agresión. La juez consideró "coautor" de los hechos al ultra, condenado también a otros seis meses por agredir anteriormente a este agente, al que propinó un empujón que le tiró al suelo. No me consta que en Francia, donde dudo de que la pena que le hubiera caído a este “angelito” hubiera sido menor, haya causado el revuelo que algunos dicen más allá de las deliberadamente irresponsables declaraciones de este ridículo victimista que tiene de presidente el Olympique.

 

http://leavinginlasrozas.blogspot.es/img/pape.jpg  Al lado de la definición de "cretino", no se sorprendar de hallar esta desagradable imagen en el diccionario.

 

Habrá quien pueda pensar que la sentencia es excesiva, pero habrá que recordar a estos que no es lo mismo quemar una noche un cajero en plena Gran Vía por hacer la gracia con unas copitas de más que hacerlo en la sucursal de la BBK de Durango al grito de Gora ETA, que la Policía es una autoridad especialmente protegida por la ley, que de no haber mediado sus compañeros, el agente al que empujó al suelo esta joyita que solo pretendía defender a una mujer que pasaba por ahí y que no se ve por ningún sitio, lo habrían acabado moliendo a patadas esta horda de salvajes o de que el sillazo que este fulano o cualquier otro de su caterva le arrojó a la cabeza podría haber acabado con su vida. Seguramente, entre estos estará algún que otro diputado del Congreso de la cuerda del que calificó hace tiempo sin tapujos a las FSE de animales (igual hablaba de lo que sucede en determinadas comisarías de la policía autonómica catalana) y sin lugar a dudas, los delegados de la UEFA,  que no dudaron en señalar a la Policía en repetidas ocasiones en sus respectivos informes como los únicos responsables de los incidentes por la retirada de una pancarta a la par que minimizaban las tropelías pertrechadas desde las gradas ultras rivales computándolas en un par de asientos arrancados y lanzados a una zona vacía del estadio.

 

 

SER Deportivos. William Gaillard: "Había que buscar una sanción ejemplarizante"

AUDIO - Cadena Ser - 14-10-2008

El Portavoz de la UEFA afirma que desde que llegó Platini a la presidencia de la UEFA ha querido imponer "tolerancia cero" al racismo. Estaban buscando una sanción ejemplarizante y le ha tocado al Atlético de Madrid

 

 

Pues menos mal, porque si se quisieran erigirse ahora mismo en los principales defensores de la violencia ultra en los estadios europeos podrían empezar ya a ponerse medallitas. A estos déspotas, mandamases de paniaguados y vividores sin parangón a los que tal vez habría que pensar en cómo desalojar de sus correspondientes privilegios, habrá que empezar por recordarles que la responsabilidad de velar por la seguridad en eventos deportivos en España es de la Policía y de nadie más y que los estadios no son una suerte de islotes diplomáticos donde puedan hacer y deshacer a su conveniencia. Y si es así, que empiecen por contratar a una legión de vigilantes privados que sustituyan a las FSE en la apacible tarea de domar a estos corderitos acaramelados. Y de paso que afinen el oído y aprendan a distinguir el simple grito de apoyo a un ídolo local de una proclama racista. O que tengan más valor a la hora de intervenir contra aquellos jugadores que no dudan en compartir la lógica alegría que les produce marcar un tanto por su equipo con esta colección de indomables.

Tal vez la pancarta que estos portaban en el Calderón no tuviera nada que ver con el nazismo. Tal vez, aunque cupiera pensar que por el inmenso vacío cerebral que caracteriza a unos y a otros (cuántos partidos políticos diferirán de este aserto), grupos ultra de ideologías contrapuestas se puedan asemejar hasta el punto de compartir símbolos, la dichosa pancartita solo representara un payaso degollado y despellejado hasta el hueso y nada más, pero es la Policía, y solo la Policía quien tiene la potestad de decidir si un símbolo en concreto contribuye a crear un clima de violencia que luego estos señores anteriormente mencionados no van a ayudar a atemperar. Hace unos años, en el Bernabéu, nos obligaron igualmente a retirar otra pancarta que, en simple alusión a la legendaria hegemonía ejercida por el Real Madrid en el panorama futbolístico y baloncestísitco europeo, clamaba literalmente “Europa blanca”. No era una pancarta con tintes racistas, pero nos hicieron quitarla y nos aguantamos. Y no hay nada que discutir.

Creíamos, hasta su excarcelación y posterior escapada en avión privado, que este pacífico y afable citoyen dispondría de tiempo suficiente en la soledad de su celda para seguir proclamando su inocencia a los cuatro vientos y recalcando que “es un ultra pero no un criminal”. Que me explique entonces qué hace compartiendo asiento con un grupo de delincuentes que hacen del fútbol una excusa para sus más bárbaros impulsos, aunque, atendiendo a las declaraciones de su hermanita, que afirma no creer en la justicia española (como si eso a alguien le importase) y que no ha dudado en expresar su deseo de que ojala hubiera matado a un policía y al menos así la pena sería por algo, creo que ya empezamos a comprender que lo de este héroe defensor de mujercitas indefensas es cosa de familia. No obstante, puede respirar tranquilo, que no tendrá que juntar mucho las piernas en la duchas de prisión, porque no ha tardado en coger la directa a Marsella en avión privado a la espera de su apelación a la sentencia y porque asimismo parece que tras nuestro histórico éxito diplomático en la reunión del Gveintinosécuántos tenemos algunas cuentas pendientes por saldar con nuestros vecinos pirenaicos, y junto con Repsol o unos cuantos trenes de alta velocidad puede ir de paquete este hijo de Marat. Mientras tanto, ese gran futbolista que en su momento nos privara de adelantar una generación la explosión de alegría que vivimos este verano mientras batía al sospechoso Arconada en París podrá seguir desplegando todo su arsenal de hipocresía y amiguismo desaforado mientras la violencia sigue campando a sus anchas en el fútbol europeo. Tal vez necesite unos cuantos nombres más a la lista de los Ríos, Zabaleta, López, Lázaro, Rouquier, Montero, Luque, Gómez, etc, para abrir los ojos. Por el bien del fútbol y de la convivencia en general esperemos que no sea así.

 

http://leavinginlasrozas.blogspot.es/img/ultrasom.jpg 

 

 

Así se lo pasan habitualmente los protegidos de Platini.

 

 

 

 

 

Alicia

 

 

Avanza inexorablemente otro finde pasado por agua dando colofón a una semana que, no obstante, sería aventurado calificar como típicamente tediosa y lánguida, apáticamente monótona marcada por el insufrible ajetreo laboral y las ineludibles tareas hogareñas. Esta semana hemos podido constatar cuál era el verdadero rostro de la cabeza pensante (si a eso se le puede llamar así) de ETA. Y cuan inmensa decepción seguramente se habrán llevado aquellos que esperaran contemplar un fornido adalid de rostro lúcido, elegante porte de fisonomía peligrosamente seductora y facciones formadas al encontrarse a un padre de familia adiposo, sucio y avejentado, como un vagabundo alcohólico recién salido de un puente. Y para más vergüenza se llama López Peña.  Toda una deshonra para un gudari de pro.

 

  

Y el honor de acometer la hercúlea tarea de descabezar nuevamente a la Hidra no es de otros sino de esos históricos tricornios perennemente ultrajados por un nacionalismo radical que no ha dejado nunca de asociarlos a inopinados golpes de estado, torturas bajo el amparo de lóbregas mazmorras y a las negras capas de los romances de Federico. El mismo nacionalismo que no pierde oportunidad de dejarlos una y otra vez a la altura de sus verdugos, aquellos con los que tanto comparten, por mucho que los hostiguen y los maten. Ha sido, pues, una semana de parabienes, congratulaciones y sonrisas en la que, más que nunca,  podemos gritar, tras haber hinchado a rebosar de aire los pulmones, aquella desusada frase de ¡Viva la Guardia Civil!

 

 

Pero esta semana que ha transcurrido también me ha supuesto un avance en otra aventura en la que me embarqué no hace mucho, tras experimentar este año por primera vez en mis entrañas la deliciosa acción del gusanillo solidario que en un momento dado nos llega a todos, y que me proporcionó el empellón requerido para formar parte de un grupo de personas con las que, sin conocer nada en absoluto de ellas, compartía el anhelo de aportar un granito minúsculo, imperceptible, pero que acompañado de una ingente cantidad de congéneres, ayudaba a construir a lo que básicamente se reduce la tarea del voluntariado: hacer un mundo mejor.

 

 

En mi caso, dicha tarea la llevo a cabo con Alicia. Alicia es una chica de dieciséis años residente en una de esas llanas urbanizaciones que, a modo de inmensos y homogéneos panales superpuestos, inundan el sureño cinturón rojo del Madrid que no juega al golf. Alicia es una chica delgada, guapa, afectuosa, sencilla y simpática, llena de vida y de ilusión, que gusta de hacer las mismas cosas que cualquier chica de su edad, con la salvedad de que su naturaleza sosegada la anima con frecuencia a pasar más tiempo de asueto en el hogar junto a su madre, a quien la une un envidiablemente fuerte vínculo afectivo.

 

 

Alicia, ignoro si cautivada por el atractivo de algún apuesto figurante de estas series policiacas tan de moda últimamente, tiene el sueño de llegar a ser forense. Y para ello, la llave está en aprobar un examen de acceso a módulos profesionales de grado medio, ya que, a lo largo de estos años, sus amortiguadas defensas no han podido ser partícipes de su inagotable ansia de aprender y su contagiosa naturaleza positiva,  pues Alicia, en el momento en que su entrada a la vida alumbró una infalible sonrisa en el rostro de su madre, recibió una terrible dosis de realismo que en otros países y en otras sociedades la hubieran condenado a una pronta muerte segura, así como al constante padecimiento de la discriminación más arbitraria. El VIH,  que si bien no impide hoy en día gozar a sus afectados de una calidad de vida merecidamente digna, no ha dejado de crear en nuestro país un oculto y desatendido colectivo formado por más de 120000 personas que sigue y seguirá precisando de una prioridad asistencial absoluta mientas no desaparezcan de nuestros perversos subconscientes las muchas rémoras que hoy en día evitan frenar ese injustificado rechazo que históricamente ha venido sufriendo. Para muestra, un botón en forma de vídeo que nos llega del otro lado del Atlántico:   http://es.youtube.com/watch?v=iZw1GKUy0B4 

 

 

Pero claro. Esto es normal que pase en Brasil, un país pobre, con un parco índice educativo y de desarrollo en el que la gente bastante hace por sobrevivir buscándose el pan y la seguridad entre las favelas. Esta imagen sería poco menos que imposible en la puntera España actual. Antes, tal vez. Recuerdo, cuando aún jugaba con coches recortados de las revistas, ver en la tele sin vídeo que por entonces había en casa a madres encolerizadas porque sus hijos habían de compartir pupitre, tiza y comedor con otros niños que habían tenido la desgracia de contraer una enfermedad que a todas luces ponía en peligro la salud de sus incólumes retoños. Era la época del Póntelo, pónselo y el sida, no da en anuncios televisivos, cuñas radiofónicas y carteles en el metro. Era la época en la que mientras el cáncer suscitaba compasión, el sida despertaba un insondable rechazo sacado de lo peor de nuestras entrañas. No obstante, quizá era lo único que se podía esperar de una sociedad que no llevaba ni quince años disfrutando de las mieles de la libertad de opinión, participación y adquisición de conocimiento que teóricamente otorgan las democracias.

 

 

Pero he aquí que, más del doble de tiempo transcurrido desde entonces, y habiéndonos convertidos en la octava economía mundial (o eso dicen), te vuelves a dar de bruces de vez en cuando con la más dura realidad:              http://www.elmundo.es/elmundosalud/2005/11/29/hepatitissida/1133271834.html, y te hace plantearte si del repudio a una afección forzosamente segregada de sus exclusivos vínculos de la época (homosexuales, viciosos,  prostitutas) no hemos pasado al siempre cómodo desconocimiento y, por ende, al riesgo más terrible por menos palpable. Al final nos lo van a tener que acabar explicando como a niños de seis años, como repetía incansablemente Denzel Washington en su papel de abogado defensor del desvalido Tom Hanks en la maravillosa Philadelphia, “oscarizado” film que merecería mucho más la pena ver repetido al menos una vez el año en aras de cubrir estas voluntarias lagunas cognitivas en lugar del tortuoso bombardeo de repetitivo cine religioso al que nos someten sin respiro cada Semana Santa, o incluso (y me perdonaréis por esto) la siempre entrañable resurrección de ET o la deliciosa lección de apego a la vida que nos brindan los sempiternos Capra y Stewart puntualmente cada Navidad.

 

 

Y así, esta gratificante experiencia me está sirviendo entre otras cosas para dar un repaso a las ecuaciones de primer grado, la resolución de problemas con fracciones y las reglas de tres compuestas, pues me ha tocado sin duda bailar con la más fea de la clase: las matemáticas. Yo qué hace un tiempo admiraba a profesores, más allá del obligado vínculo paterno (y materno)-filial por el temple y la serenidad estoica a veces rayanos en el masoquismo que a la fuerza ha de caracterizar a los que a diario tratan con díscolos pubescentes. No es ni remotamente difícil en mi caso; al contrario, es un placer tratar con este encanto de chica a la que se le iluminan los ojos y la sonrisa simplemente con resolver la x del problema de turno no solo por el paso adicional que da en la consecución de su sueño, sino por el mero hecho de aprender algo nuevo. Este es, y no otro, su objetivo en la vida, que hoy por hoy hago mío, como uno más de estos objetivos personales que egoístamente te ayudan a complementar los muchos vacíos con que la inevitable rutina te marca día tras día, pero para el que haré el mayor de los esfuerzos solo por ver de aquí a dentro de un breve tiempo esa candorosa sonrisa adolescente volver a brillar de punta a punta entre el merecido regocijo de una abnegada e incombustible madre.

 

 

Y, de suceder, habrá sido esencialmente porque allí donde, bien por falta de medios, capacidad o voluntariedad, no llegan los poderes públicos, habrá triunfado de nuevo la Cruz Roja sobre la discriminación y la falta de oportunidades. Una organización compuesta principalmente por voluntarios y cuyos principios fundamentales son la imparcialidad, la neutralidad, la independencia, el carácter voluntario, la unidad, la universalidad y la humanidad. Porque, como acertadamente afirmó Kofi Annan hace un tiempo: “la lucha contra el sida empieza en cada uno de nosotros”.

 

 

El pasado 1 de diciembre, Día Mundial del Sida, participé junto a una pequeña ONG (www.globalsida.org) en el montaje y difusión de un evento con el fin de difundir entre la población la necesidad de que los gobiernos occidentales incrementasen sus esfuerzos en la lucha contra esta especie de peste contemporánea:      http://www.tenemossida.org/globos/globos.html.  El evento consistió en la colocación de cientos de globos rojos en el Parque del Retiro que indudablemente habían de suscitar una impetuosa atención popular entre paseantes, deportistas, trasnochadores, enamorados y demás fauna mañanera, pero, sobre todo, entre los distintos medios de comunicación de alcance nacional que se habían dado cita aquel gélido día. Y gélidos nos quedamos cuando uno de los pocos que finalmente acudieron al acto nos comunicó la noticia del asesinato a sangre fría de los dos guardias civiles españoles en Francia. Como siempre, esa miserable colección de repugnantes desalmados, siempre ansiosos de luctuoso protagonismo los días señalados en rojo por causas de naturaleza verdaderamente noble, volvía a copar con sus heroicas hazañas la atención de teles, radios y páginas web mientras que mis compañeros y yo nos habíamos de conformar con una breve pero agradecida aparición en La Sexta.

 

 

Aun así, los que hemos decidido poner en juego el mayor de los esfuerzos en luchar contra esta enfermedad y sus terribles consecuencias, pasando por la tangente de su desconocimiento cuasi generalizado, no vamos a desfallecer mientras que haya motivos a los que aferrarse como es la ilusión de Alicia por aprender lo que desconoce. Por cierto, su nombre verdadero no es Alicia, como tampoco estamos en el País de las Maravillas. Si lo estuviésemos, tal vez no ocurrirían estas cosas. Alicia es simplemente un nombre que me gusta bastante y con el que he optado por “rebautizar” a mi joven pupila para preservar su anonimato. Su nombre real es otro, también muy bonito, y vasco. Esta semana volveremos a repasar las matemáticas, la lengua  y la física de la ESO. Y eso a pesar de que no es de extrañar que Alicia haya acabado portando el VIH, pues reunía todos los requisitos para convertirse en portadora de esta terrible lacra: dos ojos, dos brazos y dos piernas; es decir: una persona como cualquier otra. Para bien o para mal, este inteligente bichito que razonablemente se cree indestructible está dotado de un carácter terriblemente democrático:  http://www.youtube.com/watch?v=rV-Oe022yi8. No hay población de riesgo; hay conductas de riesgo. Es como los anuncios de la DGT, en los que nos recuerda casi a martillazo limpio que a todos nos puede pasar, porque, si bien el ejemplo en esta ocasión no es el más adecuado, el sida no se contagia; TE INFECTAS. Y te infectas porque tú quieres.

 

http://www.cruzroja.es/cre_web/VIH/default.html

 

 

De la vice, el laicismo e Italia

 

 

La fecha de los anteriores artículos puede inducir a errores, ya que por razones técnicas (yo y mi sempiternamente imposible relación con estas máquinas endiabladas) he tenido que hacer no pocos ajustes en el blog, pero escribo estas líneas a 17 de mayo, cumple de mi hermanita, y me congratulo al mismo tiempo de mantener como un campeón el deseado ritmo de un artículo semanal que me había propuesto al inicio de esta aventura. Difícilmente va a ser así en semanas venideras, no obstante. Más, desde luego, por falta de tiempo que de enjundia de actualidad, porque de esto último nunca nos va a faltar. Afortunada o desgraciadamente vivimos en un país donde abundan más de lo que nos gustaría personajes y personajillos de diversa naturaleza y condición invariablemente ansiosos de convertirse en protagonistas en mayúsculas, negrita y subrayados ante cámaras y micrófonos. Y no siempre (de hecho, algunos casi nunca) para aportar algo edificante o constructivo.

 

 

Y así, la prota en mayúsculas de esta semana, sin duda, ha sido nuestra infalible vice, quien, antes de darse de bruces contra las particularidades del multiculturalismo en las agrestes tierras del Sahara, había copado no poco protagonismo mediático en los días previos gracias a unas sibilinas declaraciones que encerraban intenciones ignotas de cambiarnos el modo en que concebimos nuestra libertad religiosa. Prevenido de antemano por la habitual práctica de lanzamiento de globos sonda intensivo que tanto gusta practicar al Gobierno que integra esta respetable señora y, habiendo matizado a posteriori que se respetarían las creencias de todos, incluyendo los que no creen (¿?), no procedí a prestar mayor atención de la debida al eximio anuncio. Mas, tras pasear su caravana de mujeres por la libertad e igualdad de los pueblos por el empobrecido continente africano y, posiblemente dolida por no haber podido conseguir del país anfitrión una condena formal de esa ancestral y prepotente práctica que la había llevado a protagonizar un pequeño ridículo mediático, volvió con ganas de ampliar nuestro inacabable círculo de amistades y descargó a discreción toda su verborrea contra la política de inmigración “populista y xenófoba” del Gobierno Berlusconi. No ha durado mucho la polémica. Lo justo en obligar al omnímodo ZP a agachar levemente la cerviz (sobrehumano esfuerzo en su caso) y desautorizar (“matizar”, en argot político) las declaraciones de su número dos. Y a reunirse con nuestro amigo Chávez, que está deseoso de que le demos otro argumento para volver a insultarnos, amenazarnos y extorsionar a nuestras empresas, pues ya ha llovido bastante desde que Su Majestad lo pusiera firme en tierras andinas.

 

 

Seguramente, en materia de inmigración, el Gobierno de España tiene bastantes cosas que enseñar a los indómitos y retrógrados conservadores italianos. No en vano, hemos pasado del orgullo de llevar a cabo una regularización masiva de sin papeles no antes vista en Europa a debatir ferozmente con el ¿líder? de la oposición sobre quién echa más negritos indocumentados con el menor número de paladas. Mejor eso en cualquier caso que el bonobús, el café, la niña de las narices y la buena suerte nocturna. Curiosas son las posiciones y las declaraciones de infalibles consagrados como Rubalcaba y otros que están por ver, como el nuevo ministro de Trabajo, acerca de las nuevas políticas de inmigración europeas y los ilegales (porque ahora se les llama con ese nombre) que sobran en la piel del toro. En política, como en la vida en general, nada es blanco ni negro, sino que todo depende del color con el que se mira. Y así, aquellas frases que tradicionalmente han estado ligadas al rechazo crepuscular, enmascarado de la derecha reaccionaria y antediluviana a las diferentes tonalidades de piel y a las variopintas e inefables costumbres humanas, en bocas de un progre de izquierda son la pura expresión de la lógica más palpable. Qué cosas.

 

 

Mas hubiera sido harto curioso ver como los gobiernos de ambos países interactuaban en materia de laicismo (no voy a usar, por muy bien que suene y muy en boga que esté ese malsonante galicismo de laicidad; lo siento, no lo encuentro en el diccionario), porque en dicha cuestión mantenemos hace tiempo una curiosa relación. No contentos con haberles hecho subrepticiamente el sorpasso en materia económica, ahora resulta que somos una envidiable referencia para la izquierda transalpina en materia religiosa, hasta el punto de que, abrumados indudablemente por la omnipresente influencia de purpúreos atavíos que a la fuerza ha de darse en las tierras del obispo de Roma, no dudan en elogiar nuestros inestimables avances en el tema. Así, el genio de la Universidad de Bolonia, Umberto Eco, nos trasladaba en una escueta entrevista a un medio español hace unas semanas la sana envidia experimentada por un amigo suyo al comentarle que iba a viajar a España. ¡Un país laico!—afirmaba sin tapujos aquel--.

 

 

No sé si lo diría por la habitual presencia de símbolo religioso (no es en balde que lo digo en singular) en tomas de cargo y otros actos públicos, por la continuada obcecación de unos y otros en incluir el adoctrinamiento católico aun con calzador en una educación pública ya lastrada por el bajo listón académico y la falta de horas de materias imparciales y a todas luces fundamentales, por que tengamos el privilegio de ser un país donde una profesora de Religión con un sueldo pagado por el Estado pueda ser despedida de su puesto de trabajo por un obispo por amancebarse con otro hombre fuera del indiscutible sacramento matrimonial o por los quebraderos de cabeza que en forma de sudokus habrá experimentado el ministro Solbes para ceder a las demandas de la insaciable Conferencia Episcopal en forma de porcentajes retributivos. España no ha dejado de ser católica, como profetizaba desacertadamente Azaña hace tanto tiempo. Y tampoco hace falta que deje de serlo, pero unas gotitas de sano laicismo no nos vendrían nada mal como nación.

 

 

Pero allí, sin embargo, las ideas de Zapatero han sido derrotadas por la voluntad democrática del pueblo italiano. Y no lo digo yo. Lo dicen los obispos de un país que ha blindado y labrado en oro el ego de nuestro otrora presidente por accidente dedicándole un documental plagado de vivas a su nombre y a su persona ya desde el título. Y eso que nuestro presi, con todo lo progre y lo abierto que es él, no ha decidido cambiar, como han hecho alguno de sus análogos europeos desde la Torre Eiffel a los Urales, a su fiel compañera de sonrisa perenne y timbre escogido por una veinteañera maciza ansiosa de un poder entre las piernas que no se mide en centímetros. Y luego somos los más machitos del continente. Para lo que hemos quedado.

 

 

Del “delincuente” Berlusconi tampoco tenemos constancia de que se haya apuntado a la fiebre de caza mayor universitaria. Le gusta alardear mucho de lo que le gustan las mujeres (gran novedad a quien se le supone hombre y hetero), y, aunque no le gusta que en un gobierno haya más mujeres que hombres, dada la manifiesta incapacidad de estas para manejar el noble arte de la política, no ha dudado en rodearse de la belleza deslumbrante de toda una ex modelo en la composición de su último gabinete. No podemos sino remitirnos a las pruebas gráficas que acompañan dicha noticia para hacerse una idea de por qué los italianos han venido constantemente acompañados de esa fama de moscones playeros insoportables que tan bien los define de aquí a Lima. Prefiero no pensar en las cavilaciones de índole pornográfica, bukkake incluido, que rondarán la cabeza de todos y cada uno de estos venerables provectos representantes del pueblo entre lisonja y agasajo a la despampanante ministra Mara Carfagna.

 

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Y así, creo que es mejor divagar, aplicando unas gotas del siempre tan necesario humor, sobre estos variados asuntos. Sin apenas discernir las peras de las manzanas, como la vice no distinguía hijas de concubinas en el calor del árido desierto, porque, de ponernos más serios, bastaría con trasladarnos unos grados al norte y retrotraernos únicamente al principio de este fin de semana, en el cual hemos podido constatar empíricamente el fiel cumplimiento del ciclo de la materia y como a veces los desechos e inmundicias de lo que fueran seres humanos íntegros y tal vez algo racionales retornan a su forma original, pero sin perder su naturaleza cochambrosa. En esta ocasión dicho evento se ha producido en el Parlamento vasco, donde, aún con el cadáver de un guardia civil caliente golpeando la envidiable entereza moral de una viuda que rompe su luctuoso silencio para recordar a sus asesinos lo único que son y representan, esa colección de hipócritas cuya podredumbre ideológica ha sido indiscutiblemente refrendada por el inapelable ejercicio de la sana democracia, reservaba la agenda del viernes para salir a condenar la ejecución de un hombre al que de una manera u otra acaban acusando de torturador unas horas más tarde y, por ende, alimentar la miseria moral de los que amparan su asesinato.

 

 

Hace unos años, Aznar acusó al Gobierno vasco/PNV de “no poder caer políticamente más bajo” al disolver por la fuerza una manifestación de las víctimas del terrorismo (no autorizada; sí, de acuerdo, pero como tantas otras de los bataSSunos que han dejado desfilar impunemente por las calles vascas). No contaba con grandes dotes de adivino el entonces presidente (otro gallo cantaría hoy en el partido de haber sido así). Cada día que pasa, cuan Stajanov sacando carbón de las profundidades ucranianas, se empeñan vigorosamente en llevar la contraria al bigote más odiado en las borriko-tabernas de Hernani y Mondragón, pero de paso también al resto de la sociedad española y vasca, que asisten atónitas, y con un punto de temor, al desenlace de esta tragedia. Que a ZP le pille para entonces confesado, y en plena lucidez institucional. Nos hará falta a todos.

 

 

A Juan José

 

Buenas de nuevo

 

Ha pasado una semana desde que comencé esto. Another never ending week more de reuniones de forecasts, gabinetes de crisis de ventas, anuncios tan aparentemente trascendentales como efectivamente indiferentes, y con la resaca de afrontarla justo después de un kilométrico y merecidííiiiiiiiiiiiiiisimo puente. Y aquí estoy de nuevo dándole a la tecla. Si consigo mantener este ritmo de un artículo semanal me daré con un canto en los dientes. Creo que me facilitará enormemente la tarea la vida de anacoreta que últimamente me veo forzado a practicar acuciado por la premura de no verme lastrado por la implacable crisis (perdón, desaceleración económica) que nos ha pillado en calzones terminando de urbanizar la costa. Además la Liga está a punto de acabar y si no me dejo llevar por la natural pereza mañanera de sábados y domingos, por falta de tiempo no va a ser.

 

Bien es cierto que cuando todavía estaba madurando en mi cabeza esta explosión controlada de necesidad creativa tenía ya una cosa clara, y esta era que tenía que dedicar el primer artículo de la misma (salvando esa interminable introducción expelida a causa del implacable machaque de teclado al que se vio sometido mi pobre ordenador por parte de unos dedos poseídos por la emoción el día del nacimiento de la feliz criatura) a alguien que mereciera verdaderamente el honor de copar el protagonismo de dicho espacio. No porque me crea tan importante a estas alturas. ¡Válgame Dios!, como espetaba el sempiterno Federico Trillo a la vice el otro día en el Congreso demostrando que el PP todavía existe, sino porque hay personas cuya figura merece el máximo ensalzamiento cada vez que nos dignemos a reproducir su nombre, ora sea desde el editorial del periódico con mayor tirada del país, pringado hasta la hoja de la parrilla televisiva de chocolate y aceite de churros domingueros, ora sea por mediación de un simple aficionado, autor de un blog que no lee ni el gato. Y esa persona a la que quiero dedicar este artículo es Juan José Cortés

 

Para quien no termine de sonar esta ordinaria combinación de nombre compuesto y apellido, dado que con el tiempo hay temas de dejan de estar de moda en aras de buscar nuevas audiencias, recordaré que Juan José Cortés es el padre de Mari Luz Cortés, la niña onubense asesinada (quién sabe si después de haber sido también violada) por un engendro social, un monstruo de la peor clase y un pederasta reiterado en el deleite de sus tropelías que responde al nombre de Santiago del Valle. Desde hace unos días, la asociación Nuevo Drom (http://www.nuevodrom.net/) recorre diversas ciudades del Estado español (no quiero que nadie se enfade por utilizar ese vetusto y nocivo término de “España”)  en búsqueda de apoyos para que estos seres inmundos, rastreros y abominables puedan sufrir los rigores de un castigo acorde con sus actos, como es la cadena perpetua, sin brindarles la oportunidad de hacerse pasar por pobres enfermos incomprendidos, cuando no, como tuvo la desfachatez de interpretar esta escoria repulsiva al ser acusado de abusos a su propia hija, de ponerse la vitola de víctima indefensa. Amén de que se cree un registro público de pederastas que pueda ser consultado libremente por todos aquellos ciudadanos que desean que sus hijos puedan jugar tranquilamente en un parque público sin temor a ser abordados por un residuo humano de semejante calaña.

 

Hace unos años, a raíz de una oleada de atentados por parte de otros desechos mentales no menos dignos de merecer el mayor sentimiento de repugnancia de la sociedad: la banda terrorista ETA, el entonces ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, uno de esos radicales, fachas y extremistas que tanto abundan en el PP, decía que “no era favorable a la aplicación de medidas antidemocráticas”.  Mira tú. Ahí fue donde me enteré de que, pese a que cronológicamente estábamos a años luz del desarrollo de un pleno sistema democrático frente a países como Francia, Reino Unido o Alemania, desde ese momento podía ir sacando pecho y pasaporte por Europa y presumir de ser más democrático que nadie, que aquí lo de la cadena perpetua era una salvajada que no se llevaba. Ni nos lo íbamos a plantear.

 

Ni entonces ni ahora. Porque el progregobierno del Estado Español se ha opuesto (en principio; veremos qué pasa si la ineptitud e ineficacia que rodean al sistema judicial no propician el advenimiento de una tragedia similar antes o después y cómo reaccionaría entonces la opinión pública –es decir, los votantes--) a la toma en consideración de dicha medida por considerarla “fuera de la Constitución” y porque “ no se deben tomar decisiones en caliente” –la vice dixit--. Esto último, en el discurso político, suele un socorrido y útil eufemismo previo a la inacción. Dicho de otro modo: “vamos a esperar a que la cosa escampe y ya se olvidará la gente del tema cuando suelten el lehendakari o Carod Rovira sus próximas perlitas, se vuelva a encender la llama de la crispación, y a otra cosa, mariposa”

 

Pero los políticos, en esta ocasión, han pinchado en hueso. Y es que Juan José Cortés no va a dar marcha atrás y no lo hará, esencialmente, porque no busca venganza. Si la buscase lo habría tenido tan sencillo como personarse el primer día en casa del asesino de su hija acompañado de una turba de vecinos solidariamente airados y hacerle pagar por su injustificable crimen; sin embargo, no se dejó llevar ni por esos instintos irracionales que pocos sabrían como vencer en situaciones límite (pocos como él)  ni por sus peores corazonadas que le garantizaban que esa basura cuyo nombre no quiero ni mencionar para no darle más protagonismo del debido, estaba detrás de la desaparición de la pequeña Mari Luz. No, Juan José no es un hombre irracional. Es una persona pacífica, sosegada y justa. Juan José rompió una lanza a favor de la presunción de inocencia y otra mayor en apoyo del trabajo de policías, jueces y fiscales durante dos largos meses y medio hasta que se consumó el trágico pero no por ello menos esperado desenlace. Y más tarde, sin apenas haber digerido el ruin trago, se dio de bruces contra la más cruel de las realidades al ver como la Policía detenía al que desde un primer momento siempre había considerado el triste protagonista de esa pesadilla. Y por si fuera poco, no tardó en hacerse patente que la muerte de su niña había sido tan incomprensiblemente espeluznante como fácilmente evitable de no haber mediado un sistema judicial obsoleto y completamente ignorado por unos poderes públicos que raramente miden la importancia de las cosas más allá de por su rentabilidad electoral y a los que siempre hallaremos más prestos a hacerse la foto inaugurando un nuevo cacho de AVE que a sustituir las muchas Olivetti que, por lo que dicen las malas lenguas, aún se ven en algunos juzgados.

 

Y como el trago no había sido suficientemente amargo, recientemente ha tenido que empaparse de los detalles más escabrosos de la confesión de ese desgraciado gracias a la filtración de parte del sumario a algunos medios de comunicación donde otra especie a veces no menos repugnante de buitres carroñeros disfrazados de periodistas cuya condición de “profesionales” tienen que reivindicar cada vez que salen a escena, se nutre insaciablemente macerando los desperdicios mediáticos de la noticia con casos como el del hoy por hoy tristemente más célebre Monstruo de Amstetten, que no vienen a cuento salvo para mantener la puja por la audiencia más morbosa y febril entre Antena 3 y Tele 5, donde los mayores carroñeros se sientan posiblemente en los consejos de dirección.

 

Aun así, este ex vendedor ambulante, empleado de la construcción y entrenador de fútbol ha permanecido firme a sus convicciones. Y la templanza es una de ellas. Y en su caso, ha venido revestida de una doble utilidad. Por un lado, nos ha recordado a todos por qué decidimos en un momento dado construir una sociedad donde la justicia primase sin duda sobre los más viscerales (y comprensibles) sentimientos de venganza y, segundo, si no borrar completamente, ayudar a expurgar esa imagen tan estereotipada e injusta que aún diseñamos de los gitanos como un pueblo de nómadas tribales, rencorosos e imposibles de integrar. La cultura de esta gente se expande mucho más allá de los “malacatones” y el “papa”de esos dos parásitos sin gracia de la TV pública que vivían empeñados en amargarnos una Nochevieja tras otra.  Juan José es culto y tiene un verbo fluido. Y prefiere fomentar la integración de su etnia desde el deporte que tan firmemente promueve en su puesto de entrenador y, sobre todo, desde sus convicciones cristianas, que le despejan las muchas dudas que a la fuerza le tienen que surgir ante semejante prueba y que le llevan a resumir todo en una frase: “que paguen todos los que tienen que pagar”.

 

Los que solo estamos concienciados en el cumplimiento de aquellos mandamientos que nos parecen de lógica pura más allá del revestimiento religioso que se les quiera dar, igual nos encontramos el día de mañana con algún problemilla si, llegados al juicio final, nos damos cuenta bruscamente de que sí que existía un dios omnipotente y vengativo. Él, en ese sentido, podrá dormir tranquilo. Sea cual sea, de las múltiples formas y figuras engendradas por la subexplotada imaginación del ser humano, gente como Juan José tiene garantizado de sobra el Reino de los Cielos, pero, hasta entonces, este hombre y su familia merecen una compensación que pueda al menos en parte aliviar su congoja en el mundo de los vivos. Y por eso el día 1 de junio haré lo posible para ir a firmar esa petición en Madrid:  para que no escurra el bulto ningún gobierno más con excusas vacías de presunta inconstitucionalidad cuando tenemos terroristas cumpliendo cuarenta años íntegros, para que no haya ninguna otra Junta de Andalucía que muestre tanta celeridad personándose como acusación particular en el juicio al indeseable mediático de turno como pachorra a la hora de verificar la correcta aplicación de la sentencia, para que ningún monstruo de esta ralea vuelva a hacer su Vía de la Plata particular de crímenes y desmanes, para que matar no siga simplemente saliendo un poco más caro que robar (y teniendo en cuenta el precio que están poniendo los fiscales de Marbella a esto último me aterroriza solo pensarlo) y, en definitiva, para que no haya otro padre/madre de familia que tenga que volver a exclamar desde el dolor más hondo y lacerante: “¿a quién tengo que preguntarle por qué ha pasado esto”?

 

Que tu Dios te bendiga, Juan José.

 

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Todo tiene un comienzo

 

 

Sábado, 3 de mayo. Sábado de puente. Hoy he decidido que sea el día D. El día señalado en mayúsculas, cursiva y subrayado en el calendario como el óptimo para acometer este pequeño proyecto personal que llevaba tiempo rondándome la cabeza. Y es que…el que más y el que menos tiene un blog hoy en día, ¿no? Y yo, temeroso de que me abordase un terrible complejo de inferioridad tecnológica por no vomitar de esta guisa al mundo mis inquietudes, proyectos, sensaciones y pensamientos, no iba a ser menos. No hace mucho lo tuve que oír en mi propio trabajo, en una de estas “clases magistrales” que nos organizan de vez en cuando los viernes para que podamos justificar razonablemente currar solo cuatro días esa semana de boca de un par de supuestos expertos en el tema de redes sociales: “si no estás en Facebook, no eres nadie”. Jódete y baila. Y ahí fue donde, a pesar de haber hecho ya mis pinitos en este universo de páginas de contactos rollo-amorososexuales-de pareja aún un tanto estigmatizadas en nuestro país, sentí que me despojaban de la poca personalidad que podía creer tener. Y ahí fue cuando me dije: para tu cumpleaños, te regalas un blog. Primero, porque sería conveniente comenzar el último de tus veintianiversarios regalándote ese día una personalidad acorde con las nuevas tendencias y segundo, por si acaso a la peña se le olvida hacerte un regalito…¡pues ya tienes uno perfectamente alineado con los nuevos tiempos!

 

 

Y así, pensado quedó para el week-end del susodicho feliz acontecimiento, que por cierto, intenté convertir infructuosamente en la excusa ideal para juntar sin que fuera precedente aquellos cuantos seres diversos conozco de mis diferentes etapas en la vida y de los cuales sé que se mueven en esta bendita urbe sin apercibirme de que el madrileño, original o naturalizado, es por excelencia un ser que no desaprovecha el mínimo resquicio de sol durante el fin de semana para huir de la vida diaria entre el humo y el hormigón como de la peste bubónica. Mas no por menos multitudinario fue luctuoso ni pobre el evento y tengo que agradecer la llegada de un par de interesantes regalos prácticos que no me hubiera comprado de otra forma dada mi pereza habitual para acercarme a una tienda o centro comercial más allá de mis proveedores habituales de alimentos y productos de higiene y limpieza.

 

 

Esto aconteció el sábado, y habiendo reservado y marcado en rojo en mi agenda de empresa el día siguiente para emprender esta noble tarea, los sufridos quehaceres hogareños dieron finalmente al traste con ella. Cualquiera que contemplara entonces la desoladora pero desgraciadamente habitual visión de mis escasos metros de usufructo inmobiliario comprendería que aquello necesitaba un remiendo urgente mediante fregona y jabón. Y entre ello y no poder dispensarme de las cuatro flexiones y abdominales malamente hechas que me ayudan cuando menos a tranquilizar mi engatusable conciencia en cuanto al ritmo deportivo semanal mínimamente requerido, acabé llegando a la hora de un partido (mejor dicho, de dos; ¡viva este grandioso Villareal!) que aspiraba a convertirse en el gran momento de gloria del año para la afición madridista y que tiró definitivamente por tierra mi proyecto de plena inmersión en la era tecnológica

 

 

Y entre medias, aunque breve, ha pasado otra semana. Y mientras la mitad de la gran ciudad prosigue sus merecidos días de asueto entre ingesta continuada de granos de arroz de diversas clases y colores y aplicaciones masivas de factor 20 huyendo del coñazo monotemático del 2 de mayo, otros nos hemos visto obligados a cuidar de ella debido a la acuciante desaceleración económica que nos envuelve (no me vayan a acusar de antipatriota por llamarlo “crisis”) y estos han sido los días elegidos para recobrar esa personalidad necesaria en los tiempos que vivimos antes de que me condenen a la terrible marginación de la era postmoderna. Y me da por reflexionar acerca de las innumerables ventajas que nos ha traído el invento este del protocolo http. Nada que ver las facilidades de que hoy en día disponemos para la búsqueda y acceso a información fiable y a todas luces verídica sobre cualquier tema del que deseemos disertar o contraargumentar, por no hablar de lo cómodo y sencillo que es poder crear nuestra propia biblioteca de pornografía (adiós a las viejas revistas repasadas y manoseadas de nuestra adolescencia) y la cantidad de miles de verdes arbolitos que habrá salvado el correo electrónico.

 

 

Eso sí, ya no le vayas a pedir a nadie que se tome la molestia en coger papel y boli para plasmar sus más profundos sentimientos de pasión, arrepentimiento, felicidad desbordada o tristeza incontenible en clásicos ríos de tinta surcando el inmaculado blancor de un din a4 o que pongan a funcionar al máximo los elementos fundamentales de su sistema nervioso buceando en infinidad de diccionarios y enciclopedias para dar con información complementaria o con los sinónimos más adecuados para embellecer su prosa, estudio o traducción. Estamos en la de la era del copypaste y de la Wikipedia. Y a partir de ahora se prohíbe (o cuando menos se limita) el ejercicio de la reflexión.

 

 

El otro día, una compañera de trabajo mía, una chica muy maja procedente de un desconocido y remoto país llamado Portugal, me hacía partícipe de lo que hasta el momento podía perfectamente considerar el colmo de los colmos del absurdo tecnológico (no caerá esa breva): una página en la que la gente que, asqueada de los infinitos detalles rutinarios de su vida personal y/o profesional pedía ayuda para cambiar radicalmente de vida. Y había gente que por supuesto encantada de aportar su granito de arena en forma de unos y ceros: vete a la India a meditar, apúntate a una ONG, tómate un año sabático, etc., etc. Cualquier día esto va a ser como en Un mundo feliz. Ya no vamos a tener que preocuparnos por nada mientras tengamos una conexión de banda hipermegacool de ancha que nos permita acceder a la fútil observación de un desconocido cuanto más distante mejor capaz de resolvernos en un clic de ratón hasta el último de los males que amenazan nuestra existencia y espíritu. En fin, ya veremos. Aun así, comenzaré mi blog. Ya lo he comenzado, de hecho. Que lo disfrutéis.

 

 

 

 

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